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miércoles, 30 de octubre de 2024

El Último Cabello

 Prólogo

[Marco: Entrada de Bitácora 2045308.1] - "¿Qué es la existencia? Sé que suena raro, redundante, y a primera vista hasta tonto; pero es algo que me he cuestionado desde muy chico. Cuando se nos decía que, según el Génesis, un dios creó el universo en 6 días, descansando en el séptimo, dotando a la Tierra de vida tras la creación de un paraíso, donde un par de seres humanos desnudos y curiosos adquirieron conciencia de su desnudez, perdiendo la inmortalidad al comer del fruto prohibido, comenzando así la humanidad. Ahora, mientras escribo en mi bitácora personal, me doy cuenta de que la respuesta a la razón del cómo se creó el mundo parecía demasiado sencilla y cómoda para ser cierta. Darme cuenta de que no fue así fue parecido al momento en el que comprendí que los juguetes de cada Navidad eran en realidad obra de mis padres.


Poco después, cuando tuve la edad suficiente para leer (y comprender) sobre la teoría del Big Bang y el Multiverso durante mi adolescencia, surgieron más preguntas que respuestas. ¿Qué había antes del Big Bang? Si el universo comenzó a expandirse hace 13,700 millones de años, ¿significa que antes de ello hubo un período eterno de inexistencia total y absoluta, un nada de tiempo y espacio? Y se expande, sí, pero ¿en qué se expande? Soñaba despierto en ello en la oscuridad y soledad de mi cama, conciliando el sueño; siempre fue el equivalente de contar borregos para poder dormir. En mis tiempos libres, leía los viejos libros que mi padre mantenía guardados como un tesoro, en un librero que él mismo construyó cuando era joven. Libros donde se explicaba que en realidad existe una sopa infinita y eterna de 11 dimensiones, un mar hyperdimensional sin principio ni final, del cual, como burbujas de un hervidero, se crean y se destruyen múltiples universos, equivalentes a las burbujas de la sopa que preparaba mi madre, que coexisten en paralelo con el nuestro. A veces se cruzan e interactúan entre sí; en algunos hay vida, en otros no, y la cantidad de tiempo (donde éste aplica) que perduran varía acorde a una cantidad inimaginable de factores, así como nosotros los humanos que somos cada uno diferentes, y tenemos un limitado, pero distinto tiempo de vida. Inclusive hay universos con distintas leyes físicas que el nuestro, donde las cosas son mucho más peculiares de lo que podemos llegar a imaginar, con tipos de materia exótica imposible de recrear aquí.



Y volviendo a mi cuestionamiento inicial, el problema de la presencia de la realidad absoluta, por llamarle de alguna manera a ese mar que acabo de describir, simplemente subió de nivel. Ya no se trataba del ¿por qué? o del ¿cómo se creó el Universo? porque eso se sabe muy bien desde hace algunos años, cuando logramos crear la primera singularidad AI, la cual nos ayudó a resolver algunos problemas fundamentales que había entre la gravedad y la mecánica cuántica. Ahora se trataba de saber a nivel fundamental y absoluto el, ¿cómo funciona tal hiperrealidad y por qué es que esta sopa eterna existe? Sabemos que la Tierra está en un sistema solar que gira cerca de la orilla exterior de la Vía Láctea, nuestra galaxia, que a su vez, es parte de un grupo local de galaxias vecinas, las cuales representan un punto pequeño en el Supercúmulo de Virgo, siendo éste una pequeña extensión de una ramita del árbol que representa al Universo tal como lo conocemos. Y si tomamos este árbol metafórico, o burbuja, y la colocamos como una más de un número infinito de burbujas que flotan en el océano eterno, ¿sobre qué yace tal océano metafórico? ¿Hay más océanos? ¿Existe un límite? ¿Por qué existe lo que existe? podríamos ir hacia arriba y nunca terminar; y desconocer el funcionamiento del multiverso a ese nivel, me consterna.


En mis reflexiones más profundas, me pregunto si la existencia misma es una simulación, una proyección de una realidad aún más compleja y fundamental. ¿Podría ser que nuestra percepción del tiempo y el espacio sea solo una interpretación limitada de una verdad más vasta y multidimensional? La singularidad AI nos ha permitido vislumbrar fragmentos de esta hiperrealidad, pero cada respuesta parece abrir nuevas preguntas, como si estuviéramos atrapados en un laberinto infinito de conocimiento y misterio.


En fin, mi propósito no es dar respuesta a estas preguntas, ya que la mente humana es intrínsecamente incapaz de comprender conceptos tan complejos. Tampoco deseo establecer una nueva forma de creencia, culto o lo que sea; únicamente intento explicar cómo y por qué comenzó mi motivación para enfocar mis estudios hacia la Ciencia. Sin saberlo, en su momento me llevarían a un laberinto interminable por la búsqueda de mi alma gemela, así como le llaman los poetas, los soñadores, idealistas y escritores, que por siglos han creado historias, cuentos y poemas sobre lo que significa ser humano, amar, sentir, vivir, y dar un propósito y significado a la vida. Solo espero estar a tiempo para ello.


El tiempo es una ilusión, y en sí mismo no existe en los niveles más altos; el tiempo es un concepto humano que la mente creó para poder funcionar aquí, pero eso no demerita el hecho de que la sopa está ahí arriba, sustentando los hilos del cosmos.


Mis estudios me llevaron a descubrir que tenemos una conexión neuronal (que seguramente nada tiene que ver con alguna deidad, aunque no lo puedo descartar) más allá de lo que jamás hubiéramos podido imaginar en décadas pasadas. Una conexión que, como dije, me llevó a creer en el amor, a creer en el alma gemela, a creer en la vida eterna dicho de forma romántica, pero no como lo plantean las religiones, sino de un modo mucho más impresionante y trascendental.


Nunca nadie ha llegado antes a las conclusiones y hechos que acabo de describir, aunque lo han vivido desde siempre sin saberlo, y pienso que por ahora debe permanecer en secreto para el mundo. Cuando se sepa y se acepte como parte fundamental de la vida del ser humano, es probable que todos los fundamentalismos religiosos comiencen a desmoronarse, y aquellos que mantienen el poder de las masas mediante la idea de un dios y sus reglas harán todo lo posible para quedarse con su status de poder y control.


La consciencia en sí misma no se limita a un conjunto finito de electrones viajando por dendritas entre neuronas; no somos solo un flujo eléctrico, ni materia pensante como creíamos, cerrando el debate sobre si la consciencia es una propiedad de la materia. Ni mucho menos somos un alma creada por una divinidad que utiliza un cuerpo para manifestarse, aunque ciertamente, el cerebro es una herramienta de comunicación, un mecanismo de conexión entre lo que somos y donde nos encontramos.


Inevitablemente se avecina una nueva revolución, pues encuentro este hecho científico fascinante y dotado de una espiritualidad mucho más satisfactoria que cualquier superstición religiosa. Su conclusión se acerca, pero probablemente no me tocará vivirla.


Dejo esta bitácora en mi laboratorio para que mi familia y amigos puedan encontrarla, leerla y comprender el por qué hice lo que haré, pues con toda certeza no regresaré después de lo que estoy a punto de realizar. Aunque si funciona, ignoro qué consecuencias podría traer a este mundo, en el sentido de perturbar el flujo normal del tiempo. Sea como fuere, nada volverá a ser igual después de hoy. Todo sea por encontrar a Lucía, el amor de mi vida, y por la ciencia, dicho sea de paso.


La existencia, entonces, no es solo un estado del ser, sino un viaje continuo de descubrimiento y asombro. Cada nueva teoría, cada nuevo descubrimiento científico, nos acerca un poco más a comprender el vasto y complejo tapiz del cosmos, pero también nos recuerda lo mucho que aún desconocemos. Y en ese desconocimiento, en esa búsqueda interminable, reside la verdadera esencia de nuestra humanidad." -fin de nota-.


La Habitación


Marco era un hombre solitario, con pocos amigos verdaderos, esos que se pueden contar con los dedos de una mano. No esos conocidos indiferentes con los que a veces conversas, pero que no te importaría si desaparecieran mañana. Nacido en la era digital, siempre estuvo rodeado de dispositivos electrónicos que le ofrecían, con solo un par de clics, todo el conocimiento acumulado por la humanidad. Su curiosidad innata lo llevó desde joven a sumergirse en el estudio de la ciencia. Sin embargo, como un ostracista natural, detestaba las redes sociales y le costaba descifrar las sutiles señales de las mujeres, mucho menos acercarse a ellas o sostener una mirada por más de unos segundos. Y sin embargo, ahí estaba. Su corazón latía con furia, su respiración agitada por la emoción, el deseo y una determinación casi inhumana por mantener el control, rompían el silencio de la gran habitación. Poco a poco, el aliento húmedo de ambos se condensaba en los cristales circundantes, al ritmo de las caricias, jadeos y suspiros.


Acercó poco a poco sus manos con un temblor sutil, pero evidente, hacia aquella hermosa figura femenina, cubierta de sombras, dotada de curvas, y de contrastantes colores obscuros debido a la poca luz que se filtraba por los ventanales; sus contornos se delineaban perfectamente, con una simetría matemáticamente perfecta. Pudo sentir la pureza de su piel, lisa y suave, contraída por el roce de sus dedos, trazando con las manos su silueta con todo el cuidado posible, alargando el momento, memorizando cada centímetro de aquel cuerpo desnudo que existía solo para él. Y sin saber con certeza qué tanta presión debía aplicar, la tomó con la misma  firmeza con que se coge una copa de cristal, y pudo sentir por primera vez aquellos senos bien formados y redondeados. Los acariciaba como si hubiera entrado en trance, contemplando a una divinidad que con su luz quema a la vista; sus manos fueron rodeando lentamente su cuerpo para terminar en un abrazo, rozando una piel que se erizaba al contacto, con esas mismas manos que minutos atrás únicamente conocían la aspereza de las herramientas. Finalmente, sus labios hicieron contacto, encendiendo el fuego latente que yacía en sus corazones; era como si eternamente se hubiera estado gestando la energía necesaria para lograr una explosión catártica casi insoportable, de amor, entrega, pasión, libertad, y todo aquello que los poetas del mundo, a lo largo del tiempo, han descrito en sus obras más eróticas, y que al final lograron la conjunción de sus almas en un solo ser. Sus labios ahora besaban aquel vientre plano, mientras ella se internaba en un mar de fluidos que corrían por sus entrepiernas. Marco no pudo mas, y se rindió ante la fantasia, apartando los pensamientos que le atormentaban desde lo más profundo de su ser, y que le decían que eso no era real. Sus cuerpos finalmente se fundieron en uno solo, y las emociones fueron tan fuertes e insoportablemente placenteras, que se desmayó. Y como si se tratara de una cruel broma del destino, ella se desvaneció dejando tras de sí un suave aliento que se disipaba en el aire. Marco despertó. -Había funcionado-, pensó para sus adentros.



¿Cómo podía aquello no ser real? ¿Cómo se atrevía a cuestionarlo aquella mente racional que durante toda su vida lo había mantenido apartado de la superstición y el pensamiento mágico? Siempre encerrado, devorando libros de ciencias: física, matemática, química, biología, la teoría del todo, nanotecnología, etc., durmiendo dos horas por día y consumiendo grandes cantidades de cafeína y nicotina, ¿y todo para qué? Tenía pocos amigos y nunca había estado con una mujer, porque los cálculos que invariablemente hacía a nivel subconsciente le hacían pensar que sus probabilidades de éxito eran nulas. Aunque en realidad, a pesar de ser atractivo, eran sus inclinaciones al ostracismo y su inseguridad las verdaderas razones por las cuales ni siquiera intentaba ir un paso más allá de la amistad con cualquier mujer. De cualquier manera, ellas nunca se fijarían en él. ¿A quién le podría interesar un hombre que se apasiona más por el flujo de electrones en un átomo, los cuales brincan entre orbitales como si funcionaran en una cuarta dimensión espacial, teniendo pláticas sobre cómo funciona una computadora cuántica o los sistemas de estados entrelazados de partículas que pueden intercambiar información instantáneamente, aunque se encuentren en dos extremos opuestos del universo? No, ellas preferían a un hombre romántico, fuerte, seguro de sí mismo, maduro pero con buen sentido del humor, y un hermoso ramo de flores que tarde o temprano se marchitará. Era impráctico regalar algo que no duraría más que un par de días antes de comenzar a mostrar signos de desmoronamiento debido a la entropía. Y aun así, sabía que los átomos de aquellas flores existirían para siempre, formando nuevas estructuras al ser reutilizados en el ciclo eterno de la vida y la muerte, a diferencia de cualquier sentimiento que una mujer pudiera tener por él; o eso creía.

Nuevamente, Marco se encontraba en una batalla interna; emoción contra razón, agua y sed. Ninguno de sus pensamientos, reflexiones, ni sus interminables noches de razonamiento profundo lo habían preparado para experimentar la embriaguez de aquellas sustancias químicas invadiendo su cerebro como un cáncer agresivo: dopamina, endorfinas, adrenalina, noradrenalina, serotonina, y quién sabe cuántas más. Ya no importaba; no podía pensar con claridad, intoxicado por la tranquilidad y el alivio que se sienten después de hacer el amor. Cedió, y por primera vez en su vida se sintió intensamente feliz tras su encuentro surreal con aquella mujer que ya no estaba ahí. Dejó a un lado su tendencia natural a buscar explicaciones y justificaciones para todo, y pasó el resto de la noche en éxtasis, contemplando las estrellas tumbado boca arriba en un pequeño sofá-cama, recordando cada instante y cerrando los ojos de vez en cuando para revivir el momento hasta quedarse dormido, como nunca antes.


Al día siguiente despertó como se despierta después de una noche de excesos alcohólicos; claro que nunca había bebido, pero imaginó que así se sentían los individuos comunes tras una noche de copas: fatigado, con un poco de dolor de cabeza y desorientado, pero con una extraña mezcla de tranquilidad y angustia. Sabía que tenía que repetir la experiencia y sabía cómo, pero también sabía que algo había salido mal y debía corregirlo. En su momento no comprendió por qué su más grande creación había tomado consciencia absoluta de sí misma. Por supuesto, a nivel molecular era una estructura idéntica a la original, pero no entendía cómo era posible que sus procesos neuronales estuvieran en perfecta armonía con los de la verdadera Lucía.


Era irónico, y él lo sabía; una sonrisa sutil se dibujó en su cansado rostro al reflexionar sobre el tema. Una vida de privación emocional y trabajo lo había llevado precisamente a lo que siempre evitó: la pasión, el amor, unirse con su alma gemela. Aunque no creía en tales fantasías, que solo los ingenuos aceptan para hacer su existencia más llevadera, no tuvo más remedio que considerar que tal vez hay quienes se buscan a través del tiempo y las dimensiones hasta encontrarse. Ridículo.


Regresó a “La Habitación”, su refugio frío, ahora desprovisto de humedad tras normalizarse su respiración y equilibrarse los niveles químicos de su cerebro. Las paredes, cubiertas de pizarras con dibujos y ecuaciones, "decoraban" su laboratorio. En otros rincones, libreros y herramientas llenaban el espacio restante; en particular, uno que su padre construyó en su juventud, cuando se dedicó a fabricar muebles para ahorrar dinero y pasar el tiempo. Marco, siendo solo un niño, aprendió que cuestionar, pensar, crear, construir e inventar era sumamente satisfactorio. Creció viendo a su padre ensamblar computadoras y muebles de madera, mientras le explicaba con entusiasmo por qué estaba libre de ataduras religiosas, y sobre la profunda espiritualidad de saberse hecho de átomos forjados en el interior de una estrella supermasiva que terminó su vida como una supernova. Todo esto llevó a Marco por el camino de la ciencia, y paradójicamente, el amor.


En contraste, ahi se encontraba ella, hermosa, reluciente, sonriente, con su mirada llena de vida y con todos los detalles que una fotografía de tamaño considerable puede ofrecer. Dejó salir un gran suspiro mientras su mirada se perdía en tal imagen impresa, y entró en una profunda reflexión mientras la contemplaba. ¿Será esto amor? Se preguntaba, volviendo a su inseguridad habitual; no puede ser. “ Simplemente me encuentro embelesado sufriendo los efectos químicos que mi cuerpo está programado para procesar”; pensaba en voz alta. Y sin embargo sentía una gran necesidad de hacer fluir nuevamente esos mismos químicos en su corteza cerebral. El efecto ya había pasado; quería más, era como una droga potente y necesitaba su dosis. Y solo ella podía brindarle nuevamente esa oportunidad, sin importar si era real o no; lo que sintió sí fue real al menos. Él la tuvo entre sus brazos, mientras ella soplaba palabras dulces al oído, que ni en sus más remotas fantasías eróticas, pensó que alguien pudiera decirle. Pero era una fotografía; necesitaba volverla a sentir, acariciar su piel, devorarla a besos en sus mas íntimos rincones. ¿Llamarle? ¿Hablarle? ¿Presentarse ante ella? Improbable. Apartó la idea tan rápidamente como llegó; ¿quién podía fijarse en él? Mucho menos ella.


No podía hacerlo ahora; tenía mucho trabajo que realizar, cálculos que corregir, y lo más importante de todo, necesitaba otro cabello real de la misteriosa mujer de la fotografía. La última vez que salió de “La Habitación” fue para dirigirse al establecimiento de comida más cercano. Hasta él necesitaba comer de vez en cuando. Sentado en el transporte urbano, ella subió, como tantas otras veces, en una de las paradas habituales. Parecía ser su ruta cotidiana. Caminó por el pasillo buscando un lugar disponible, contoneante, juguetona, alegre, casi infantil, hasta llegar justo al asiento frente a Marco, que estaba vacío. Ella lo miró por un instante (que le pareció eterno) y sonrió inocentemente antes de sentarse. Un cabello cayó delante de él, y lo atrapó en el aire.


La primera vez que la vio fue varios meses atrás. El mundo a su alrededor dejó de existir, el tiempo se congeló en un instante sin fin, y sintió una conexión especial que no podía describir, algo cósmico y trascendental. Tuvo una experiencia que no tenía una explicación racional; sintió que la conocía de toda la vida, aunque no sabía nada de ella. No era solo atracción física, ni deseo carnal, ni las fuertes palpitaciones al ver a una mujer hermosa; había algo más que no podía concebir. Su mente simplemente se desconectó, y cuando volvió en sí, ella ya se había perdido entre la multitud. No era la mujer más bella del planeta, ni siquiera del vecindario, pero ciertamente era muy atractiva y perfecta para él. Pasaron algunos días antes de volver a encontrarse en el camino.


Para maximizar las probabilidades de encontrarse con ella en la calle, había ideado un plan alocado: realizar análisis completos de posibilidades y comportamientos, utilizando ecuaciones de psicología social, psicohistoria, teoría del caos y una docena más de ciencias, para obtener una estimación del 95% de su ubicación en un momento dado. Las variables que sus cálculos necesitaban incluían la rutina promedio de las chicas de su edad, los horarios del transporte público, la cantidad de tráfico según la fecha y la hora, el número de camiones disponibles, el tiempo promedio que estos operaban antes de requerir mantenimiento dada su autonomía robótica, la probable actividad que podría estar realizando en ciertos días según el tipo de ropa que llevaba cuando la veía, si llevaba bolso o mochila, zapatos o tenis, lentes de realidad aumentada, etc. Su obsesión llegó a tal grado que incluso pudo fotografiarla en repetidas ocasiones sin que ella lo notara. Cualquiera podría acusarlo de acoso, pero no era el caso. Debido a su inseguridad, no se atrevía simplemente a acercarse y decir “hola”; presentarse y entablar una conversación casual, imposible; no. Lo hacía para poder conocerla sin pasar por un momento incómodo de interacción social. Eso era impensable de momento, y su corazón palpitaba con ansiedad solo de contemplar esa posibilidad. Por ello, inventó un dispositivo que le ayudaría en su tarea y eventualmente le daría el valor para dar el gran salto.


Y ahí estaba ella, delante de él, haciendo fila para subir al transporte urbano automatizado, hermosa, llena de alegría y con un aroma exquisito. En sus sueños, a veces se encontraba con una mujer a la que amaba profundamente sin poder ver su rostro, y estaba seguro de que era ella, materializada en esta realidad y tiempo; no podía ser de otra manera. Por eso, se había forjado la firme idea de conocerla, saber más de ella y, por supuesto, aprender sobre el enigmático, misterioso y desconocido mundo del amor. Así pasaron los días, y en una rutina casi ritual, acumuló un puñado de sus cabellos. Eran suaves, delgados, rojizos, en forma de rizos, y olían a lo que él suponía debían oler los valles frescos rebosantes de flores, ahora inexistentes debido al calentamiento global, y solo presentes en unos cuantos herbarios del mundo.



[Marco: Entrada de Bitácora 20490213.1] - “La máquina funcionó perfectamente, recreándola con una exactitud molecular sin mayores problemas. Sin embargo, hay dos aspectos que aún no logro explicarme y que me perturban profundamente. Primero, su consciencia, su esencia, ella misma en su nivel más fundamental, ¿de dónde proviene? Su cuerpo estaba ahí, y un escaneo cuántico/atómico no habría encontrado diferencia alguna con respecto a la Lucía original que vive en la ciudad. Es probable que, al ser la configuración estructural de su masa cerebral idéntica, su mente haya adquirido los mismos procesos cognitivos que la original, con su personalidad y forma de ser. Sin embargo, esta teoría no explica la presencia de recuerdos y conocimientos. Mi Lucía, la réplica, demostró tener conocimientos, recuerdos, vivencias, personalidad, gustos y todo lo que nos distingue como seres humanos. Lo más peculiar de todo es que ella me amaba y parecía conocerme. ¿Será esta la prueba que la humanidad ha estado buscando desde sus inicios para explicar de dónde venimos? ¿Será acertada mi teoría sobre el origen de la consciencia? Tendré que estudiar más a fondo este fenómeno.


Por otro lado, ella dejó de existir después de un par de horas tras su creación, y desconozco el porqué. ¿Mal funcionamiento de la máquina? Poco probable. Me inclino más a pensar que mi experimento de alguna forma viola alguna ley física aún no descubierta. Necesito repasar mis notas y ecuaciones, y hacer nuevos cálculos en la computadora cuántica para ver si encuentro algo que haya pasado por alto”.


La Entrega


Pasaron algunas semanas durante las cuales Marco recreaba a Lucía, realizando pequeños ajustes cada vez. Dentro de La Habitación, destacaban por su magnificencia la fotografía de ella y una gran estructura esférica y hueca en el centro, a varios centímetros del suelo. La esfera, de tres metros de diámetro, no tenía bordes visibles, era ligeramente opaca y de un color indefinido, hecha de un material que a simple vista no se podía identificar como metal, cristal, carbono o algún polímero reciente. No se apreciaban uniones ni remaches, y flotaba estática sobre el suelo ligeramente cóncavo, del cual emanaba un halo de energía que producía un suave sonido, parecido al de un panal de abejas, distorsionando la luz y creando un efecto hipnótico, similar al aire caliente, aunque su temperatura era de varios grados bajo cero. En la parte frontal de la esfera, vista desde el escritorio de Marco, sobresalía el area de "impresión" molecular del aparato, que resonaba a gran velocidad como un subwoofer, ligeramente más oscura que el resto de la esfera, con un aspecto similar al de un líquido metálico no refractante.


Marco estableció algunos parámetros y comandos en la computadora cuántica de su escritorio con gran entusiasmo, luego se acercó al exótico objeto geométrico, producto de años de trabajo, estudio, noches interminables de investigación y el financiamiento de una compañía privada que había invertido millones en obtener tecnología femtométrica capaz de interactuar con átomos individuales utilizando -robots cuánticos- [ver entrada 20380706.1A]. Era la invención de su vida, tal vez el mayor invento de la humanidad hasta el momento. Tomó uno de los cabellos del manojo que guardaba con recelo, lo colocó sobre la superficie resonante de la esfera y fue absorbido al instante. La esfera comenzó a brillar y sus partes mecánicas a moverse a un ritmo perfecto. La energía que emanaba del suelo envolvió toda la esfera, haciendo del espectáculo algo digno de admirar; conforme pasaba el tiempo, las sombras en el interior de la esfera iban tomando una forma humana cada vez más notoria.


Mientras la máquina hacía su trabajo, Marco repasaba mentalmente el proceso que se desarrollaba ante sus ojos. La esfera era alimentada con las moléculas que componen a un cuerpo humano, almacenadas en contenedores específicamente diseñados para la tarea; otros elementos también necesarios, eran formados a partir de la fusión del hidrógeno en elementos más pesados como helio, boro, carbono y nitrógeno, que extraía directamente de los depósitos de agua pura. El agua, compuesta por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, contenía el elemento primario que explotó a la existencia en el primer instante del universo, el bloque fundamental de todo lo conocido, el hidrógeno. La reacción nuclear de la fusión del hidrógeno se realizaba en una habitación separada; esta tecnología se había vuelto práctica y segura para uso industrial a finales de la década de los treinta del siglo XXI.


Como si de un milagro se tratara, la unión con precisión pico métrica que realizaban los -robots cuánticos- contenidos en la esfera utilizaba estos elementos para ensamblar, átomo por átomo, una copia exacta de aquella hermosa mujer, con su personalidad, recuerdos, inteligencia, carisma y todo lo que la hacía única en el mundo. La computadora cuántica utilizaba la información genética del cabello para calcular instantáneamente el resultado del crecimiento y desarrollo de una persona hasta la edad indicada, en este caso 25 años. Esa información se convertía en órdenes que enviaba a través de la red interna a cada uno de los invisibles e incontables -robots pico métricos-, que en poco tiempo lograban crear el milagro de la vida humana, usando elementos, moléculas y compuestos químicos como bloques de Lego.


Aun así, Marco no podía entender por qué su creación, desde el momento de abrir los ojos por primera vez y dar su primera bocanada de aire, comenzaba a buscarlo desorientada, insegura sobre lo que pasaba pero consciente de la existencia y presencia de Marco. Cuando sus miradas se cruzaron, ella sonrió; su rostro denotaba alivio, y se entregó a él. Corrió desnuda hacia sus brazos, y él pudo sentir como se apretaban sus senos desnudos sobre su pecho, mientras le acariciaba suavemente la espalda con la intención de ir dibujando una imagen mental de toda su figura con el trazo de sus manos sobre sus curvas y recovecos. Lucía lo desnudó con gentileza; en contraste, él apretó sus nalgas con firmeza para fundir su piel con la de ella. Lo besó y él correspondió, siempre inseguro de estarlo haciendo correctamente. Pasados un par de minutos, tuvo que detenerlo por un momento poniendo un dedo sobre su boca y con ternura le susurró al oído “despacio, que tenemos la eternidad para nosotros”. Hicieron el amor toda la noche.


Lucía estaba en un éxtasis total, cerrando y abriendo los ojos con frecuencia, intentando distinguir dónde se encontraba, solo para volver su mirada hacia Marco o cerrarlos de nuevo, incapaz de concentrarse en otra cosa que no fuera el placer y el amor que experimentaba. Su cuerpo flotaba, pero se sentía pesado a la vez; se movía con dificultad, aunque podía contonearse al ritmo de las contracciones orgásmicas que se repetían una y otra vez. Y a pesar de todo, iba y venía entre recuerdos, fantasía y realidad; el futuro y el pasado se fusionaban de una manera tan confusa que no podía concebir que todo aquello fuera real. Era una lucha sin cuartel entre razón y piel, en un campo de batalla compuesto por dos cuerpos que se perdían entre las sombras; dos seres que existían únicamente para ese instante en el tiempo. Era una lucha mental contra una fuerza invisible que diluía su percepción y aumentaba su deseo de quedarse ahí para siempre. Pero cuanto más lo intentaba, cuanto más deseaba permanecer atada a los brazos de su amado, más sentía que se perdía en un limbo entre el mundo real y el de los sueños. Su mente se disipaba como vapor en el viento, alejándola lenta pero inexorablemente del mundo donde Marco se encontraba. Finalmente, todo se volvió borroso, confuso, angustiante e indistinguible, hasta que no quedó nada; ni luz, ni oscuridad, ni vacío; solo nada.


Marco no quería dejarla ir, no quería que desapareciera esta vez. Aunque había repetido los cálculos del proceso de creación, cruzando los dedos para que estuvieran correctos, mientras se encontraban íntimamente, continuaba repasando mentalmente los ajustes aplicados, asegurándose de que esta vez ella se quedara para siempre. Embelesado, idiotizado, ebrio de químicos fluyendo por sus venas y su corteza cerebral, llegó un momento en el que no podía hacer otra cosa sino perderse en los ojos de Lucía, intentando fútilmente comprender la razón de nuestra existencia, encontrar, de alguna manera, el sentido de la vida.


-¿Qué recuerdas antes de estar aquí?-, le preguntó suavemente. Confundida por la pregunta tan fuera de lugar, respondió con cierta incredulidad.


-No te entiendo… ¿qué quieres decir?-, dijo con suavidad.


-Solo dime, ¿qué recuerdas?, por favor-, insistió Marco. 


-No lo sé; es… es como haber estado en un sueño… sí; recuerdo… (hizo una larga pausa, y su mirada se perdió en el vacío) recuerdo haberte visto antes; esto ya lo hemos vivido, ¿verdad?.. pero también, recuerdo perderte cada vez, siento haber estando buscadote por siempre, entre vidas, entre dimensiones; qué tonto, ¿no?.. y ahora estás aquí conmigo, por fin… pero tú solo eres un sueño, Marco, dime algo que me guíe hacia ti, ¡que me diga que eres real! No quiero despertar… abrázame, no me dejes despertar, abrázame fuerte y no me dejes ir; pero si me voy de nuevo, no me traigas de vuelta, buscame aquí, en ésta re…-.


Aquellas palabras retumbaron en el corazón de Marco como un baño de agua fría, al mismo tiempo que su cuerpo se desintegraba frente a sus ojos, dejando solo una ligera estela de calor donde antes estaba el cuerpo de una mujer que le imploraba no dejarla ir. ¿De qué estaba hablando? ¿Un sueño? ¿Encontrarme?.


El Encuentro


Visiblemente perturbado, comenzó a dar vueltas en la habitación, jalándose los pelos de la cabeza una y otra vez. Pensaba, descifraba pistas, armaba un rompecabezas mental cuyas piezas no encajaban del todo. Desesperado, miró los datos registrados en su computadora a través de la proyección holográfica que apareció frente a él, "flotando" en el aire. “¿Será posible que…?”. No podía ser. Apartó la idea casi tan rápido como llegó, aunque las evidencias apuntaban, muy a su pesar, a lo contrario.


Decidido a encontrarla en el mundo real, comenzó a buscarla desesperadamente. Pero ella no aparecía en los lugares habituales. La desesperación lo consumía, y su vida, dedicada a la razón, se desmoronaba ante un amor imposible. A pesar de tener la firme convicción de acercarse a ella por primera vez, no podía evitar sentir un vacío en el estómago, una sensación de escalofrío que aceleraba su corazón y dificultaba su respiración. Sentía como si caminara sobre pegamento en aquella calle solitaria. Su mente estaba tan enfocada en repasar cada palabra y cada posible respuesta, acorde a todas las acciones que ya conocía de ella, que no veía más que un manchón de colores a su alrededor, como si estuviera preso en un sueño. El viento lo frenaba, lo hacía retroceder, dificultando su andar. Y cuando por fin llegó al lugar donde sabía que estaría, las manecillas de su reloj parecían detenerse, incluso avanzar hacia atrás. Después de una espera que le pareció eterna, se arreglaba la ropa una y otra vez frenéticamente e intentaba inútilmente remover el sudor de sus manos. Ella nunca llegó.


Pasaron los días y ella no aparecía. Ya no estaba en los lugares donde sus complicados cálculos le decían que estaría, ni en las ubicaciones que “ella” misma le había indicado para su encuentro. Había desperdiciado su vida, lo sabía, hasta aquel día de embriaguez emocional donde no le importó dejar a un lado la razón y, por primera vez, hacerle caso a su instinto. Necesitaba encontrarla con urgencia.


La desesperación comenzó a apoderarse de él; no dormía, no comía. Llenaba hojas y hojas con números y operaciones incomprensibles, solo para terminar arrojándolas con furia en un cerro de desperdicios que habían cubierto el lugar donde alguna vez se apreciaba un cesto de basura. ¿Dónde se encontraba ella? ¿Qué había sucedido?. Un escalofrío horrible invadió su cuerpo cuando una idea cruzó por su mente bajo aquella maraña de cabello descuidado.


Salió corriendo torpemente de “La Habitación”, atravesando calles y cruces, intentando esquivar a la gente indiferente que le estorbaba y que apenas podía distinguir a través de sus gafas mojadas por la lluvia que azotaba en esos momentos. Personas que se dirigían a sus trabajos, a sus hogares, autómatas programados para estorbar en su camino; todos parecían haberse puesto de acuerdo para entorpecer su carrera contra un tiempo que sabía no tenía. -¡Háganse a un lado!-, gritaba inútilmente en un ahogado intento. Era como escuchar la caída de un alfiler en medio de un huracán.


El lodo cubría sus pies, manos y rostro, salpicándole con cada paso; esa tierra de olor inconfundible volaba por los aires. A pesar de ser la primera vez que percibía ese asqueroso aroma, era exactamente como siempre lo había imaginado. La lluvia seguía cayendo, camuflando las lágrimas que se mezclaban con todo. Se desplomó justo en aquel lugar, con las rodillas sobre una mezcla de piedras y quién sabe qué porquerías más; sus manos entre espinos de rosas, en discordancia con aquel lugar horrible, sangraban, pero no sentía dolor. ¿Quién podría sentir el dolor de sus heridas en un momento así? Ya no importaba. Se quitó las gafas y claramente pudo leer: “Aquí yace nuestra amada hija, amiga, hermana, que siempre llevaremos en nuestro corazón y recordaremos por siempre. Te amamos, Lucia. 2030 - 2055”.


Pudo sentir cómo se quebraba su corazón. Sabía que eso era imposible fisiológicamente hablando, pero inconfundiblemente sintió que se rompía en mil pedazos. Una tristeza infinita e indescriptible lo cubrió en un manto de llanto y sollozos, superados únicamente por la caída del agua a su alrededor. Y así, en medio de la lluvia y la soledad, la última chispa de esperanza dentro de sí murió, cuando cayó en la cuenta de que el único amor que había tenido, había muerto… y solo le quedaba el último cabello.


Allí, frente a una lápida que llevaba su nombre, supo que había llegado demasiado tarde. Ella estaba muerta. Y en sus manos temblorosas, el lodo se diluía con la lluvia, como se diluían sus ganas de vivir.


Sin más que hacer, volvió a su laboratorio. Se quedó allí, en medio de La Habitación, mirando el vacío. Una vez más, la realidad había roto sus ilusiones. Una vez más, había fallado. Pero lo que más lo atormentaba no era el fallo en sí, sino la posibilidad de que, por un breve momento, ella hubiera sido real.


Con ese último cabello en sus manos, vio el ciclo comenzar de nuevo por última vez. En su desesperación, decidió destruir su invento, pero justo antes de hacerlo, recordó lo que la última creación le reveló, algo que cambió su perspectiva sobre la vida, el amor, la muerte y la realidad misma.


Mientras trataba de superar su pérdida en un Bar, una nueva mujer apareció en su vida, con un parecido inquietante a Lucia. Ella lo miró, se cruzaron sus miradas y Marco sintió un inquietante escalofrío, ¿Era una coincidencia, o había algo más detrás de su aparición?.


jueves, 24 de febrero de 2011

Cuando el dolor nos invade.

Dolor, era todo lo que ocupaba la mente de Marco, no podía pensar en otra cosa más allá de la terrible sensación de hinchazón que invadía la parte izquierda de su rostro. Estaba obscuro, tumbado en el suelo sin control de sus extremidades, observando a la distancia las estrellas del firmamento en el balcón de su departamento.

¿Cómo llegó a ese punto? No lo sabía. Horas antes había sido promovido en su trabajo para supervisar un proyecto por el que había trabajado toda su vida, era un hombre inteligente, sumido en la gran tarea de contribuir al progreso de la humanidad, pero no siempre había sido así. Había pasado gran parte de su juventud realizado trabajos escolares a sus compañeros y trabajos extracurriculares para poder obtener un poco de dinero extra, y así pagarse sus estudios. Su determinación siempre lo ayudo a solventar los problemas cotidianos de la vida; también tuvo que aprender a pelear. Un joven “matado” en una escuela pública, como los llaman, era objeto de burlas y envidias. Su mejor opción para evitarse problemas en la medida de lo posible, fue mimetizarse con el medio. En una ocasión ya en su mayoría de edad, después de una maratónica parranda, de esas que empiezan al medio día y terminan hasta que se ha agotado la dotación de alcohol, quiso probar su hombría contra el miembro más fuerte de su grupo social. Todo terminó mal; fue levantado a dos metros del suelo como si fuera un costal de papas y azotado fuertemente contra el toldo de un auto estacionado.
La alarma no dejó de sonar, y como Marco no se pudo levantar por varios minutos, fue remitido a las autoridades por daños a propiedad ajena y pasó un par de días en un hospital recuperándose de sus lesiones. Al salir del hospital, pudo disfrutar del dulce sabor de la revancha; en sus cinco sentidos, si se le puede llamar así, fue en busca del sujeto con el que había peleado días antes; lo dejó inconsciente rompiéndose la mano derecha en el proceso.

Sin embargo, su vida post adolecente no habían sido solo problemas con las autoridades, revanchas y estudio arduo por la noche. Marco era un hombre muy tranquilo, y solitario hasta cierto punto. Emanaba un aire de misterio ante sus conocidos, pero su verdadera pasión era la Ciencia. Siempre aspiró a un bien mayor y meditaba sobre cuestiones cosmológicas y filosóficas. Se encerraba en su cuarto a leer libros de ciencia y cuentos de ciencia ficción y siempre deseó ser parte del proceso de cambio de la humanidad.
Ahora, su trabajo consistía en probar algoritmos de software para el desarrollo de una Inteligencia Artificial capaz controlar los primeros robots lanzados al espacio, en misiones a la Luna y Marte para explotar nuevos recursos y solventar los problemas energéticos del planeta. También pasaba algunas tardes dando clases de defensa personal. De vez en cuando competía en torneos de Artes Marciales.
El dolor físico era parte habitual de su vida, y su fuerza mental siempre lo llevó un paso adelante, pero esa noche en su departamento, aquella sensación que el cuerpo manda como señales eléctricas al cerebro para indicarnos que algo no está bien, era tan fuerte que nada surtía efecto en su muela, el dolor era simplemente insoportable. No hizo ningún intento por levantarse del suelo.
Tampoco hubiera podido, de haberlo deseado. Su estado era más bien el de una persona que se encuentra lo suficientemente dormida como para no reaccionar físicamente a los estímulos externos, pero lo suficientemente lucida como para no poder evitar sentir esa pulsación horrible proveniente de una de sus muelas. Se encontraba en un estado intermedio entre la realidad y el sueño; algunos dirían “se le subió el muerto”.

Había tomado toda la noche. Vaso tras vaso disfrutando del dulce sabor del Ron, como era su costumbre los viernes al terminar su jornada laboral, más aun después de ser promovido. Nada mejor que una buena bebida para relajarse y olvidarse por unos momentos del estrés cotidiano de la ciudad, el trabajo, y el mundo. Un par de hielos, Ron, bebida carbonatada y unas gotas de limón. Una silla en el balcón de su departamento con los pies reclinados sobre la mesa, y un anochecer particularmente limpio. Curiosamente no había luz en la ciudad, pero no le prestó atención a ese hecho. Nunca antes había contemplado una noche tan estrellada como esa noche. Las estrellas como polvo, desperdigadas hasta donde la visión (y el alcohol) le permitían ver, y a pesar de que siempre están ahí, raramente se detenía a contemplar el vasto universo. Algunas estrellas a solo unos cuantos años luz, y otras tan lejanas, que probablemente para el momento en que su luz llegara hasta él, ya no existían.
Una bebida llevó a la siguiente. Perdió la cuenta del número de vasos que había tomado, pero por la cantidad que aun quedaba en la botella, pensó que pronto tendría que irse a dormir. Ante la maravillosa vista, el único sonido que podía percibir en la inmensidad era el de los hielos rebotando dentro del vaso, y su respiración. Una respiración que emanaba tranquilidad.
Es extraño, pero habiendo tantas constelaciones, se le dificultaba distinguir más de una o dos en el cielo, Marco pensó que las personas que les dieron nombre y forma, debieron estar en un “elevado” grado de consciencia etílica, drogadas o psicóticas para poder ver en unos puntos brillantes del cielo a un gran escorpión, o una guerrera mítica montando un carruaje apuntando con su arco mientras es jalado por unos caballos alados. Ojalá pudiera llegar él a tal grado de contemplación divina. Y realmente lo intentaba. El sólo conocía el cinturón de Orión, y a veces, encontraba a la Osa Mayor dependiendo de la época del año.
Con la vista nublada, intentó concentrarse en el Cinturón de Orión. Sabía que en medio de las tres estrellas justo debajo del punto central del cinturón, existe una nebulosa gigante, cuna de estrellas y lugar de grandes explosiones cósmicas. Una de las pocas nebulosas visibles desde la Tierra con un telescopio. Mientras se perdía en el infinito, le pareció ver un gran brillo cuyo resplandor se hacía cada vez mayor justo en ese punto del cielo, repentinamente el dolor se hizo presente. No pudo más; entre el cansancio, su bebida “relajante” y el fuerte golpe que vino de “la nada”, quedó instantáneamente dormido, o noqueado más bien. El remanente del vaso se derramó sobre sus ropas y éste rodó hasta hacerse añicos en el suelo.
Pero ni tal cantidad de alcohol circulando por sus venas, era útil para mitigar el intenso dolor de muelas del que fue preso. No podía despertar. Había una fuerza desconocida que le impedía siquiera abrir los ojos, al menos esa era su percepción. Pero tampoco estaba completamente dormido porque podía sentir el intenso dolor. Eran como mil taladros perforando cada milímetro cubico del corazón de su muela. Apretó fuertemente la quijada para ver si al intensificar la sensación, se privaba completamente de la realidad, pero entonces escucho una extraña voz. No con sus oídos como se escucha el ruido de la ciudad, o la voz de una persona que se encuentre junto a nosotros. Sino una voz directamente en su mente. Sabía que no era español, ruso o alemán, o cualquier lengua conocida y sin embargo le entendía perfectamente. Claro que tampoco estaba consiente así que cualquier mensaje dentro de su mente, independientemente del idioma que él pensase que fuera, lo entendería por ser el mismo subconsciente que se comunicaba. Ese era su razonamiento.
La voz aumentó de volumen, si es que se puede describir así, después de sus inútiles intentos por hacerse de oídos sordos. O mente sorda para tales efectos.

- No ejerzas presión con los músculos de tu mandíbula por favor. – dijo la voz “interior”.
- ¿Quién me habla? – respondió Marco, no con palabras, si no con el pensamiento, muy dentro del estado semiconsciente en que se encontraba. Debo estar soñando, pensó.
- Lo que tu llamas nombre o entiendes como tal, no sería algo significativo para ti si te lo digo, ni es algo que puedas asociar con lo que ustedes llaman identidad, somos muchos y uno a la vez, sin embargo, si eso te complace, puedes llamarme Orión.
- Orión, ya veo. – Pensó (o dijo internamente) con cierto aire de ironía e incredulidad.
- Si, Orión. Disculpa nuestra rudeza, pero sentimos una ligera presión en el interior de lo que tú llamas muela y hemos decidido presentarnos haciendo una declaración formal para habitar tu cuerpo.
- ¿¡Mi cuerpo?.
- Si, tu cuerpo. Hemos venido desde muy lejos tras la destrucción de nuestro planeta, que se encontraba en el complejo ubicado a 1500 años luz de distancia, en lo que tú conoces como el Cinturón de Orión. Nuestro sol aumentó gradualmente de tamaño en los últimos años de su vida hasta convertirse en una supernova en el interior de la nebulosa de Orión, haciendo añicos a nuestro sistema solar entero. Antes de que eso ocurriera y murieran todas las especies habitables de nuestro planeta, tuvimos que escapar buscando un lugar para que mi civilización pudiera seguir existiendo.
- ¿Y ese lugar que buscan, se encuentra en el interior de mi muela? – pensó Marco enfadado, pues el dolor se intensificaba cada vez más.
- Si. En todo tu cuerpo de hecho, pero la capital de nuestro pueblo estará dentro de tu muela. Verás, el cuerpo humano ha sido clasificado por nuestros expertos como un habitat ideal para subsistir indefinidamente, al menos mientras te encuentres con vida antes de tener que mudarnos al cuerpo de otro individuo.
- Mi cuerpo no es habitad para ninguna especie, mucho menos extraterrestre, mira que me han provocado un dolor tan intenso, que si pudiera yo mismo me sacaría la muela en éste instante. – dijo indignado.
- De hecho, tu cuerpo es un lugar ideal para muchas formas de vida. Siempre hay comida disponible, agua, oxigeno y es un lugar con una temperatura auto regulada independientemente del clima exterior, siempre que éste no sea extremo. Mira que tuvimos que lidiar con algunas bacterias para poder llegar aquí.
- No debí beber tanto ésta noche – dijo para sí mismo con cierto aire de resignación – ahora me encuentro hablando con un virus extraterrestre que piensa construir la capital de un imperio en mi muela...
- No somos lo que tú entiendes como virus – interrumpió tajantemente Orión. – Los virus son una entidad infecciosa microscópica que se reproduce dentro de las células del huésped, causando en algunas ocasiones, estragos en el cuerpo que infectan, y no poseen inteligencia alguna. Por cierto, agradecemos la bebida que has traído ésta noche a tu cavidad bucal. Nuestra gente ha estado de fiesta y muy alegre con aquello que tu llamas Ron. – terminó diciendo Orión con una denotada y repentina alegría.

Confundido por el repentino comentario sobre la bebida, Marco agitó la cabeza, o al menos pensó en algo que físicamente equivaldría a agitar la cabeza y continuó:

- ¿Pero que acaso no son ustedes una entidad que ha infectado mi muela y vivirá a costa de los recursos de mi cuerpo? Son un virus ¡! Y me han causado un dolor como nunca en mi vida había sentido antes, y mira que soy un tipo rudo.
- La relatividad de tu pensamiento es muy subjetiva Marco. Bajo tu perspectiva, un virus es una forma de vida que infecta un huésped viviendo a costa de los recursos de éste, causando problemas de, lo que tú llamas, salud. A veces el virus se aloja indefinidamente pudiendo causar la muerte del ser viviente, y otras veces se queda poco tiempo antes de ser arrasado por las defensas del organismo infectado. Continuando con tu esquema de pensamiento, los humanos son un virus para lo que conoces como planeta Tierra. Se han reproducido indiscriminadamente agotando todos los recursos naturales, han contaminado irreversiblemente el ecosistema y los daños producidos por su inconsciente forma de vida, difícilmente serán revertidos en el corto plazo. – hizo una breve pausa mientras Marco “escuchaba” aun molesto por el intenso dolor de muelas.
Orión continuó. – Y considerando la vida del planeta, y el tiempo que ustedes los humanos llevan aquí, es como si tú estuvieras en los primeros 15 segundos de infección por, lo que llamas, gripe. Y han hecho más daño a la Tierra en esos “15 segundos”, que una gripe en tu cuerpo en el mismo periodo. ¿Quién es el virus? – remarcó Orión en algo que Marco pudo percibir como, orgullo.
- Es diferente. Nosotros los humanos hemos evolucionado de forma natural en éste planeta. En cambio tú, o ustedes, han llegado a invadir mi cuerpo para poder subsistir. Y ahora se encuentran dentro de mi muela construyendo una pequeña ciudad para tu gente. Esa acción tuya me está matando de dolor.
- Es correcto Marco, pero hay una gran diferencia, y similitud a la vez. Tu gente utiliza a la Tierra para asentar sus poblaciones, obtener recursos y reproducirse. A su manera, ella también sufre, lo que podría ser un efecto secundario comprensible si los propósitos de ustedes los humanos fueran otros que enriquecerse, como por ejemplo, evolucionar como civilización para un bien mayor común. Adquirir el conocimiento del cosmos, obtener respuesta a la última pregunta. ¿de dónde venimos y a donde vamos?
Nosotros no estamos aquí para destruir tu cuerpo, sino todo lo contrario. Mientras nos habríamos pasó por las terminaciones nerviosas de tu cavidad bucal, te hemos librado de varias caries potenciales y algunas bacterias que estaban a punto de causarte una infección.
Nuestros exploradores se encuentran justo ahora monitoreando tu cuerpo en los puntos clave, y pronto me informarán si hay algún problema que corregir.
- Bueno – Pensó Marco algo dubitativo pero más aliviado. – Entonces supongo que he de tomar éste tremendo dolor como un efecto secundario de una gran bendición. ¿Me van a curar todas las potenciales enfermedades?
- Así es. Debemos tener nuestro habitad limpio y seguro para comenzar a reproducirnos. Únicamente cuando te encuentres libre de toda infección es cuando podremos comenzar a poblar las sinapsis neuronales y así tomar el control de ellas. Desde ese punto seremos capaces de usar tu cuerpo como lo que tú llamas, zombi. Serás, junto con el resto de los humanos, el medio a través del cual podremos manipular los recursos de éste planeta a nuestro antojo. Nuestra población crecerá e irá tomando el control de otras personas hasta llegar al punto en que la raza humana en su conjunto será utilizada por nuestra “gente” – Orión mencionó ésta palabra con un tono que Marco interpretó como jactancia. Orión continuó. – para éste bien mayor. Como verás somos la cura del planeta, y a futuro, del universo.

Asombrado y aterrado a la vez por lo que escuchaba, Marco realizó varios vanos intentos por despertar, pensando que eso no podía estarle pasando. No era un hombre de creencias religiosas, mucho menos pensaba en deidades divinas. Pero en ese momento, muy en contra de su naturaleza agnóstica, pensó en Dios. La sensación de impotencia, falta de control de su cuerpo junto con el gran miedo del que era presa, despertaron en él esa necesidad de protección divina. Solo quería que la pesadilla terminara.

En medio de un inusitado cabildeo divino, Orión interrumpió:

- Ah ¡! Ustedes los humanos. Sienten que son todo poderosos, pero cuando se encuentran en una situación desagradable fuera de su control, despiertan el instinto infantil de protección paternalista. Al dejar de ser niños pasan la necesidad de sentirse protegidos por sus padres, a entidades divinas inexistentes. Es inútil que pidas ayuda Marco, nadie te escucha más que yo. Recuerda que tus pensamientos están conectados a los míos, a nosotros. También es inútil que intentes despertar; el alcohol en tu cuerpo es el suficiente como para mantenerte dormido por unas horas más, tiempo suficiente para que mi gente termine la gran capital dentro de tu muela.
- Oh por Dios ¡! Así que planeas apoderarte por completo de mi cuerpo y de mi mente, junto con la de toda la raza humana para convertirnos en zombis que sirvan al propósito de tu gente ¡!. No son un virus, son parásitos dispuestos a destruirnos y acabar con nuestra sociedad. Como te atreves a decir que son la cura y nosotros la enfermedad; ustedes son maldad pura.
- Oh, maldad, interesante y subjetiva aseveración. Subjetivo significado agregaría. Por el leer de tus pensamientos, llego a la conclusión de que la maldad para ti es todo aquello carente de bondad que viene acompañado de desgracia y calamidad, apartándose de lo lícito u honesto. Hablemos de honestidad entonces.
Lo peor de su raza es que han utilizado por siglos, una supuesta conexión espiritual alimentada por niveles de soberbia que mi gente no conocía, para matar, destruir y arrasar ciudades enteras. En el nombre de Dios, como tú lo llamas, los genocidios fueron cosa común en la historia de tu planeta según me informan mis analistas, junto con asesinatos en masa, torturas, abusos y destrucción mutua. En todos nuestros viajes interestelares no habíamos conocido a una raza con tal capacidad autodestructiva.
Lo que tú entiendes como soberbia, va acorde con tu razonamiento de maldad. Por lo tanto las personas auto proclamadas seguidoras de Dios, tienen un alto grado de maldad por el nivel de soberbia en que están inmersas. Y la necesidad de protección paternalista de los humanos, los hacen seguidores de éstos supuestos líderes espirituales, llevándolos a cometer brutalidades con su propia gente.
- Los errores que mi gente ha cometido en la historia no son razón para que intentes tomar el control de toda la humanidad para tus propósitos. No se justifica. Somos personas libres, pensantes y autónomas en un proceso de maduración y crecimiento. Todos los seres vivos en algún momento de su historia evolutiva deben pasar por crisis y librar por si mismos sus errores. El precio que tenemos que pagar tal vez sea nuestra autodestrucción a final de cuentas, pero vale la pena correr ese riesgo si al final la recompensa es haber alcanzado el alto nivel evolutivo del que presumes. Es la única forma de llegar a la meta. Si alguien más llega a tomar el control y decide por nosotros como pretendes, entonces nos habrá privado del derecho que como habitantes de ésta existencia tenemos.

Orión quedó en silencio por unos instantes. Marco tuvo la percepción de que meditaban sus palabras y ésta fuera la razón de su repentino silencio. Aunque el dolor continuaba e intentaba sin muchos resultados poder despertar de aquella horrible pesadilla. Probablemente era psicosomático, sin embargo no podía evitar sentir como si su cuerpo ya estuviera siendo sometido a un ritual de conversión zombi, de aquellos que vio en alguna ocasión en los documentales de la televisión, donde someten a las personas a lavados de cerebro y bebidas espirituosas. Orión tomó la palabra:

- La existencia trae consigo una gran responsabilidad, amigo ¡!, si me permites la expresión. Pretender dejar por sí mismo a un ser irresponsable para que aprenda de sus errores puede acarrear un gran riesgo. En tu sociedad, según entiendo por tus pensamientos, existen castigos para personas que cometen, lo que entiendes como actos de maldad, ya sea quitarle a otro ser humano algo de su propiedad sin su consentimiento, o incluso privarlo de la vida. Analizando el comportamiento de la sociedad en que vives, deduzco según tu argumento, que sería lo mismo dejar en su libre albedrio a un asesino esperando que la experiencia y la madurez llegue por si misma hasta que deje de matar.
Esto no es posible, lo sabes, así que se castigan actos de maldad en tu sociedad. Muchos de estos castigos incluyen la pena de muerte para el infractor.
Deja me explico mejor. Ustedes son los asesinos del planeta y de ustedes mismos. Algunas veces justifican dichos actos pensando que el arrepentimiento es suficiente, en otras, llegan a casos más extremos donde sienten que son la mano ejecutora de un plan divino, y en el nombre de Dios, sale lo peor de la humanidad torturando y terminando con vidas inocentes. Nosotros hemos llegado buscando un lugar donde vivir; y sea de paso, dicen ustedes, para terminar con esa situación y revertir el gran daño realizado a su planeta.
- Es verdad lo que mencionas. – interrumpió Marco. – existen castigos para evitar o intentar disminuir que se cometan actos de barbarie, maldad o ilícitos. Existen muchas personas dementes, egoístas, desorientadas o con trastornos de personalidad avanzados que los llevan a cometer robo, asesinato o genocidio. Mi historia está plagada de historias, donde el líder de una civilización ha mandado a su ejército para acabar con la vida de pueblos vecinos, para el beneficio propio. Lideres que tienen el poder de destruir ciudades enteras con solo dar la orden a sus oficiales. Personas que dañan el patrimonio, la integridad o la seguridad de sus congéneres. Podría no terminar haciendo una lista.
Pero también habemos quienes no solamente pensamos en nosotros mismos, sino en el mundo en general. Yo mismo me encuentro ayudando a desarrollar la tecnología necesaria para encontrar otros mundos, más recursos energéticos, minerales, nucleares, etc., que ayudarán a disminuir la pobreza y hambre mundial. No puedes juzgar a una civilización entera por la forma en que unos pocos se comportan. Nos falta mucho por avanzar, lo sé. Hay líderes que siguen buscando el beneficio y riqueza individuales; que se incumben en guerras innecesarias en el nombre del bien o del progreso.
Pero ésta situación va a cambiar, también lo sé.

Por un momento Marco se sintió con la gran responsabilidad de salvar a su planeta. Era como tener el destino de la humanidad, literalmente en sus manos por unos instantes. Trataba de pensar sin pensar puesto que Orión podía leer sus pensamientos, y éste, tenía parcial razón en su razonamiento. Incluso apoyaba ligeramente la idea de erradicar por completo a personas sin valor alguno como individuos.
Todas esas sanguijuelas que viven para chupar la sangre ajena sin mediar en sus acciones, con nulo valor ético, irresponsables e indiferentes ante la vida. ¿Pero qué culpa tenían las verdaderas sanguijuelas?, caviló, al menos son útiles para ayudar a algunos enfermos a curar sus heridas, se propuso encontrar una mejor metáfora para describir a personas sin valor.
Hizo una anotación mental y sus pensamientos volvieron a la tarea de salvar al mundo, como lo hacen en las películas. Sería un héroe anónimo, aunque por ahora, tenía que salvarse él mismo de no convertirse en un zombi que sirva a los propósitos maléficos de una despiadada raza de parásitos extraterrestres con ínfulas de salvadores cósmicos. Marco continuó hablando, o pensando, tratando en ésta ocasión de ser escuchado, si es que logró que sus pensamientos anteriores no fueran escuchados.

- Hablemos de razonamiento entonces. Según tú lógica forma de proceder... – comenzó Marco como quien quiere explicarle algebra lineal a quien apenas sabe multiplicar. – Los humanos algunas veces realizamos actos muy cuestionables por delirio, pensando que una entidad divina nos ha enviado para erradicar el “mal” del planeta o por interés propio. En éste caso dices que vienes en nombre de la Tierra, para salvar a un planeta moribundo que ha sido infectado por los humanos. ¿Con que derecho actúas pensando que lo haces en nombre de éste mundo? ¿Acaso no es lo mismo que hacen los desequilibrados cuando invaden una nación en el nombre de Dios? ¿La Tierra te ha pedido que la salves?
- No es lo mismo. Dios, como tú lo llamas, es una entidad divina inexistente. Cualquier ser humano que diga que Dios le habla, sufre de, ¿cómo le dicen ustedes?, Ah, sí, esquizofrenia. – recalcó Orión tras leer brevemente el pensamiento fugas de Marco para obtener dicha palabra.- En el caso de mi civilización, vemos como consumen los recursos no renovables mientras se siguen multiplicando sin pensar en las consecuencias a futuro. Y aún peor, como se matan los unos a los otros.
- Pero sí estamos conscientes de las consecuencias a futuro. Nuestros estudios son claros en el efecto del calentamiento global producto de la intensa deforestación. Es imposible, por el momento, evitar que personas sin ética por el ecosistema desee e intente enriquecerse explotando los recursos naturales. Por eso creamos leyes y organizaciones internacionales dedicadas a frenar estos efectos y castigar a quienes atentan contra la vida del planeta. Pero esa es nuestra tarea y son nuestras decisiones las que deben sentar un precedente, de si, nuestro futuro en la Tierra será posible.
- Está en su naturaleza el egoísmo. Las tendencias actuales indican una destrucción inminente de la vida terrestre en 200 años de no hacer algo radical ahora. Yo, nosotros, no venimos en nombre de la Tierra porque ésta nos llame, a diferencia suya que escuchan voces de un más allá que no existe. Estamos aquí en pro de la vida y la diversidad. Ustedes, los seres humanos tuvieron su oportunidad y la han desperdiciado.
- No vienes representando a la vida. Tu mismo me has dicho que tu planeta de origen fue destruido a causa de una supernova, y que encontraron la forma de adaptarse dentro de nuestros organismos. La verdadera razón de tu invasión es por interés propio, para subsistir, y no te importa si en su intento de continuar existiendo, privan de la vida, que tanto defiendes, a miles de seres humanos.
- Pero no estaríamos privándolos de la vida, continuarán viviendo muchos años más, sin enfermedades, sin sufrimiento, al mismo tiempo que la Tierra se recupera.
- Una vida como zombi ¡! No es vida ¡!, es estar muerto en vida. Sin decisión propia, sin pensamientos nuevos, estancados en la rutina eterna del día a día, marionetas presas de la voluntad de tu raza, que ha venido buscando refugio. Y lo han tomado, pero llevándose con él millones de años de evolución. Si eso no es destruir una vida para ti, si esto no es atentar contra la naturaleza misma, entonces eres igual de psicótico que las personas que hacen daño a este planeta.
- Interesante concepto el de la psicosis. – dijo Orión indiferente.- Daño colateral. ¿No lo llaman así ustedes? O un efecto secundario por un bien mayor si lo prefieres. Si tuvieras que matar a una persona inocente, sabiendo que es la única forma de salvar a miles, ¿lo harías?
- Esa es una pregunta hipotética ante una situación inexistente que pretendes utilizar para que caiga en contradicciones, y así justificar tu proceder ante mí. Pero no se que buscas discutiendo conmigo, después de todo veo que tienes tu decisión tomada y nada de lo que diga cambiará la situación actual. Creo que la época de los humanos ha terminado.
- Es divertido, una emoción que no había experimentado en años. De hecho la construcción de nuestra ciudad capital en tu muela está casi terminada. Si te sirve de consuelo tarde o temprano la vida inteligente volverá a evolucionar en tu planeta.
- Déjame responder a tu pregunta, tomaría el camino del bien mayor sin privar de la vida a millones de seres vivientes. Si buscas con inteligencia, siempre habrá alternativas.
- Tal vez, sin embargo tienes razón en algo, mi decisión ha sido tomada.
- Pues que así sea amigo Orión. Al menos permíteme despertar y disfrutar conscientemente de un último trago, un brindis, le llamamos nosotros, por un bien mayor.
- Un brindis, por el bien mayor. Salud.

Era el alba del amanecer, el sol se encontraba deslumbrante saliendo por el horizonte. La ciudad continuaba sin energía eléctrica pero ya se podía ver a lo lejos bajo los rayos del sol. Marco abrió los ojos, crudo y con un dolor de cabeza intenso. Había sido una horrible pesadilla, un mal sueño que no deseaba repetir jamás. ¿Qué más podría haber sido sino una manifestación de su subconsciente al estar involucrado en la labor de llevar a la humanidad a un mejor futuro?

Se levantó de la silla como quien acaba de recibir una golpiza. Tenía un horrible sabor de boca que deseaba quitarse lo antes posible. Se tambaleó hasta el baño y comenzó a cepillarse los dientes con cierta holgura cuando sintió de nuevo una fuerte punzada en la muela. Instintivamente puso su mano bajo la mandíbula como si eso fuera a mitigar el dolor.
Regresó corriendo al balcón donde había pasado la noche entera. Estaba llena de colillas de cigarro, botana regada por todo el piso, y algunos cristales rotos de un vaso refractando la luz del sol. Tomó la botella de Ron con el poco licor que le quedaba. No había tiempo que perder, la duda lo invadió en un instante sobre la veracidad de su sueño, y volvió a sentir aquella necesidad de salvar al mundo. Daño colateral, pensó. Un efecto secundario por un bien mayor, repitió para sí mismo mientras tomaba aire, y valor por supuesto. Se empinó la botella entera tragando el contenido de licor y segundos después aporreó el lado inferior izquierdo de su mandíbula contra el barandal lo más fuerte posible. Se privó de inmediato. Marco quedó tendido sobre el suelo lleno de cristales, en un profundo e instantáneo desmayo.

Y pasó un indeterminado intervalo de tiempo.

“Marco…, Marcooo”, escuchaba en algún lado de su cabeza. “Marcoooo”. Sintió una fuerte sacudida que lo sacó de su estado inconsciente. Con la vista aun nublada y un fuerte dolor de cabeza, se tambaleó mientras intentaba levantarse del suelo.
- ¿Qué te pasó? – dijo una voz femenina. ¿Era un ángel quien le hablaba?
- ¿Qué sucedió, donde estoy? – se esforzó en pronunciar estas palabras completamente desorientado. Intentando adquirir consciencia de la situación.
- Te estuve marcando pero no contestabas el teléfono. Ya son las 2 de la tarde y me preocupé al no saber nada de ti. Habíamos quedado en vernos hace más de 4 horas. Entonces vine a verte y aquí te encuentro tirado en un chaco de sangre. Al parecer te has caído y roto la boca. Mira encontré una muela tirada, debe ser tuya.

Marco cayó en un gran asombro al escuchar aquellas palabras, y abrió los ojos como si tuviera una fiera furiosa delante de él a punto de atacarlo. Como un desquiciado, o un ladrón que arrebata la cartera a su víctima, tomó la muela de manos de su novia y se apresuró al interior del departamento. Comenzó a sacar cajas y triques de un armario, botando todo en el proceso. Abrió un estuche de herramientas y sacó de su interior un martillo. Lo sostuvo en su mano con fuerza. Nunca antes había estado tan feliz de tener una herramienta en su mano. Era como encontrar un tesoro legendario después de toda una vida de búsqueda.
Colocó su muela en el piso, y haciendo gala de una habilidad digna de un herrero forjando una espada mágica, hizo añicos la pieza dental con un fuerte y contundente golpe, que envió miles de pedazos a toda la habitación. Tuvo una sensación extrañamente placentera. Probablemente equiparable a presionar el botón de activación de una bomba nuclear, si se puede resumir su activación a la de presionar un simple botón, claro está. Marco se levantó del suelo, soltó un suspiro de alivio. Dejó caer el martillo de su mano, la gravedad hizo el resto. Fue cuando notó que su novia lo veía con una mezcla de espanto y preocupación.

- ¿Estás bien? – dijo ella. - ¿Qué ha sido todo este teatro?
- Sí, me encuentro bien. Ya estoy bien, solo tuve una muy mala noche y una horrible pesadilla. Necesito un baño y un par de aspirinas.
- ¿Aspirinas? Aquí tengo conmigo, toma. Pasé a comprar unas en el camino. Desperté hoy con un terrible dolor de muelas.

¿FIN?

martes, 20 de mayo de 2008

El Último Suspiro. Acto 2

Continuacion de:

El Último Cabello. Acto 0
El Último Suspiro. Acto 1



Acto 2

La bitácora de Marco tiene mucho más que decir sobre el tema de la historia del tiempo y las singularidades espaciales de la compleja maquina en la Habitación, pero casi todo ello era ajeno y hasta ignorado por él. En particular, los apartados del análisis espacio-temporal antes y después de la activación eran desechados con singular desdén. Por esta razón abandonaremos la tarea de visualizar los efectos causados y seguiremos nuestro propio camino a la contemplación del máximo misterio que ha cautivado al hombre, en particular a éste personaje introvertido y solitario, el amor. Científicamente, reacciones químicas, compuestos, sustancias, envenenamiento y la consiguiente etapa de desintoxicación. Un cabello más. Románticamente, deseo, pasión, entrega, lujuria, el medio limón. Muchos podríamos decir que era lujuria confundida con amor, otros, un amor verdadero que ha llevado a Marco a entregar toda una vida en pro de lo imposible. Los poetas han agotado sus escritos, los músicos sus sinfonías y los enamorados encarnado todos los clichés conocidos, dando flores, serenatas, un corazón de chocolate o una peluche de peculiar color y forma para que su amor piense en ellos durante las noches, cuando entran al reino de los sueños abrazando aquel fetiche. Pero entre todos los intoxicados por el amor, Marco era diferente, a su muy peculiar forma de expresarlo, no con flores o poemas, ni de una costilla, si no de un cabello, lograba cada noche fundirse en los brazos de su amada.

Por supuesto el proceso no era normal, y él lo sabía muy bien. Aquella mujer lograba explotar a la existencia cada noche por nuestro poeta del átomo, que poseía un poder especial, capaz de recrear con un solo cabello a su mujer ideal. La mujer que sin proponérselo le robaba el aliento y la mirada, sola en la distancia existiendo solo para él, contoneando sus caderas al caminar, y esto le satisfacía casi completamente. Era como debía ser. Pero la misma satisfacción de la creación ahora era su peor pesadilla y ni siquiera pensaba en eso, pues la cuestión misma radicaba en la ironía más grande que un hombre pueda vivir.

Y ahora que regresaba de su decimo viaje en una semana, de los suburbios de la ciudad, fuera del escondido sector donde se encontraba su laboratorio, el poeta del átomo y ejecutor de la máquina de La Habitación, reflexionaba con inusitado optimismo sobre el ultimo cabello que guardaba desde hace ya unos días. Tanto poder, y lo único que necesitaba realmente era valor para mirar a Lucia a los ojos, sonreírle. Acercarse a ella hubiera hecho una diferencia. Marco bajó del tren suburbano abriéndose paso entre la gente que caminaba indiferente a su alrededor, llevaba las manos dentro de su pantalón y su mirada iba siempre fija al piso, pues temía pisar algún material viscoso que manchara sus zapatos. Caminó casi 200 metros por el andén en forma de medio tubo, lleno y bullicioso. Sabía que detrás de las cámaras de seguridad, observaba vigilante, un sistema de inteligencia artificial que pondría su atención en él si se le ocurría correr o ir más de prisa que el resto de las personas. Adelante se encontraba una fuente de luz inconfundible. Sus pisadas resonaban suavemente en sus oídos mientras se aproximaba a la salida, cuyas columnas sostenían una gran estructura de metal y concreto que captaba la luz del sol para redirigirla al interior e iluminar todo el complejo subterráneo, que caracterizaban la arquitectura post modernista surgida tras del auge del desarrollo sostenible. Le gustaba ver el contraste formado cuando se pasa de un lugar con poca o mediana luz, a un lugar bien iluminado.

En el fondo, se encontraba una mujer, una mujer solitaria que parecía estar esperando a alguien, de cuya inesperada presencia, dependía, sin saberlo aun, el destino de todo lo conocido y desconocido. Sintió una perturbadora familiaridad. Caminando con indiferencia pasó a su lado sin voltear a verla, pero de re-ojo le dio la impresión que tenía la misma complexión y estatura de Lucia. Pronto se vio de frente con un sol abrazador. Levantó inútilmente su brazo en un intento de cubrir los rayos solares que iluminaban la inconmensurable metrópoli que se erguía soberbia en el horizonte. Algunos edificios eran tan altos que parecían tocar los cielos. Todos ellos construidos para albergar a la ya crecida población de la ciudad que no se daba abasto. El crecimiento horizontal era poco viable pues ya se había agotado todo espacio disponible a sus alrededores. Siempre que un nuevo visitante llegaba, podía observar desde la distancia aquella obra máxima del hombre, símbolo y logro monumental de la sociedad moderna; la arquitectura llevada a su nivel más alto. Puentes y arterias optimizadas para el rápido flujo de vehículos, conexiones estratégicas con los centros neurálgicos, centralización de poderes. Incluso podía distinguirse con perfecta claridad desde el espacio, como puntos brillantes parpadeantes concentrándose como enjambre en una de las ciudades más grandes del mundo. Todo ello no era para Marco, que prefería la relativa quietud de vivir en las afueras de la gran urbe.

Como detestaba la luz. Su laboratorio se encontraba cerca y comenzó a caminar contando los pasos que requería tomar cada bloque que era dividido por líneas horizontales que se repetían cada 6 metros en el aquel suelo de concreto gris, calentado por los rayos del sol. Apretaba la mandíbula en lapsos casi cronométricos y sus manos jugaban discretamente dentro de sus bolsillos mientras repasaba el último cambio que haría en la máquina de La Habitación, para estar seguro que podría compartir con su amada el mayor tiempo posible, antes de que se fundiera en un soplo de polvo y pavor. Que vacías eran las vidas de las personas que se cruzaban en su andar; entes programados por el tiempo, automatizados para realizar la misma tarea cada día de la semana una y otra vez, destinados a vivir en la monotonía y la falsa sensación de felicidad. Pero el tenia el poder supremo en sus manos y lo sabía. Sabía que con el apretar de un botón, podía crear vida, amor, felicidad, ilusión. Ilusión… ese era su mayor problema. Avanzó por la larga y reluciente avenida que conducía al pequeño complejo habitacional, que en sus días fuera un paraje virgen, exuberante en vegetación y fauna silvestre, el que más tarde sirviera de refugio para los descendientes de la primera generación del grupo de los 5, que en sus tiempos migraron fuera de las grandes ciudades decididos a construir viviendas cerca del origen, cerca de la naturaleza, en armonía con la energía del planeta. Y lo habían logrado. Las construcciones de aquel lugar aprovechaban el calor del núcleo planetario, ondas sísmicas, fuerzas eólicas y solares para generar electricidad.

La Habitación era un caos. Cientos de papeles crujían a cada paso bajo la presión aplastante de sus pisadas que iban de un lugar a otro. Controles, cables, computadoras, luces parpadeantes en paneles empotrados en las paredes en un bonito juego de contrastes. Pronto vería a Lucia por última vez, despedirse y disculparse por no haber llegado a tiempo, por no aceptar que era una persona real, que se dejó llevar por la tentación de vivir una fantasía poderosa y cautivadora, ignorando el hecho de que no existe sustituto de la sensación de calor que subyace entrelazando sus manos con las de la verdadera ella. Luego se retiraría al autoexilio, para vivir en ostracismo voluntario de la humanidad. Sin saber aun lo que estaba a punto de causar, comenzó a realizar ajustes re direccionando todos los conductos de energía al núcleo de la maquina. La gran esfera del centro estaba cubierta por un manto de distorsión electromagnética que producía un efecto visual parecido al que se aprecia cuando se observa un objeto a través del agua. Luces amarillas y rojas iluminaron el centro del complejo subterráneo mientras el resto caía en la penumbra. El silencio era únicamente perturbado por las vibraciones del sonido casi subsónico que producía la gran esfera, y sus pasos agitados de un punto a otro denotaban una evidente ansiedad. Repentinamente, segundos antes de desencadenar el gran evento, Marcó se sentó a escribir las últimas palabras que diría jamás a Lucia.

“Perdí ya la cuenta de cuántas noches quise decirte, y opté por un destino distinto, un tiempo y un espacio que no compartimos, una ilusión transitoria hecha materia. En ese tuerto e inseguro olvido no encontré más que un destino inefable de oscuridad y tristeza. Y no puedo dejarme de culpar, dejar de pensar en el hubiera, ese temido y horrible tiempo en el que destilamos lo que nunca habremos de ser. “

“Ya había aceptado ese futuro borroso, cubierto por la bruma cegadora de la incertidumbre y de la vida superficial en la que la existencia desprovista de propósito, no vive los días, simplemente los deja pasar. “

“Incluso me olvidé de cómo era... olvidé al poeta, al filósofo, al científico, al amante que hace tantas lunas sonreía a tus espaldas tras tomar tu cabello y en secreto evitó confesarte esos suspiros y esos anhelos de compartir la vida contigo, la niña de los ojos mas lindos que osaron verme con ternura celestial aquellas noches en las que jugué a ser Dios, cuya mirada hubo removido de mis entrañas la inspiración y poderes divinos. “

“Pero qué extraños son los laberintos del tiempo y del destino, cuán difícil e irrevocable es el porvenir que nos forjamos en las noches que vieron disipar nuestros suspiros. “

“Y perdido en esos laberintos, perdido en ese ominoso bosque sin fin, vuelve una vez más tu voz y tu mirada como un rayo de luz para recordarnos, para re-encontrarnos por última vez. Soporto la carga de ese camino sin rumbo, sin mapa y sin brújula para orientarme... sabiendo tan sólo que en algún lugar del tiempo existes, como una estrella cuya luz podría guiarme. “

“El veneno de mi corazón es profundo y tal toxicidad me hizo afirmar muchas veces que no existe el amor, que es una quimera inventada para engañarnos y servir los propósitos de dioses locos. No obstante, ahora sé que no sé si es amor, pero si sé que eso es lo que busqué contigo... los días luminosos, las risas y las charlas compartidas, la fuerza mutua para elevarnos de la burda trivialidad del día a día. “

“Pero la ternura, calidez y amor de un beso tuyo ha sido el antídoto de ese veneno irrefutable... Un instante en el universo plasmado por siempre en la roca que La Mano Que Lo Escribió Todo ha creado para lapidar la historia del tiempo. ¿Cómo enfrentaré el Laberinto? ¿Cómo encararé los días en los que sé cuál es mi lugar y mi tiempo, un lugar y un tiempo en el que no estarás más? “

“¿Cómo superar la abyección? ¿Cómo controlar las fuerzas que nos sumergen en el olvido? Y evitar convertirme en un hombre fracasado y un soñador pisoteado, sin futuro... te pido perdón Lucia, no he llegado a tiempo.“

“¿Estarás ahí mi niña? ¿Serás mi estrella y la madeja de hilo con la que puedo volver del laberinto?”.

No había marcha atrás. Con el último cabello tomado por unas pequeñas pinzas y paseándolo por el aire con delicadeza, caminó hasta el centro y lo colocó sobre aquella superficie negra. Fue absorbido al instante y varios conductos especialmente diseñados para la tarea, comenzaron a filtrar el aire circundante. Grandes vibraciones azotaron el complejo. El aire fluyendo por los conductos pasaba tan rápido como lo hace en una turbina de avión, y la distorsión electromagnética visiblemente estaba afectando la forma en que la luz viaja por el espacio, curvando los objetos que estaban en su radio de visión alrededor del núcleo. Su corazón palpitaba con tal ansia y su concentración estaba tan perpleja esperando a que apareciese ella frente a él, que todos estos efectos pasaron desapercibidos, lo cual en otro tiempo, hubieran provocado una emoción casi infantil. Tampoco se dio cuenta que todo a su alrededor se había detenido, la caída de polvo, las luces en rojo, los indicadores en los diversos monitores con graficas que indicaban una serie de parámetros, congeladas, vibraciones pausadas, el tiempo se había detenido. Incluso la hoja de papel en la que había escrito las últimas palabras que compartiría con Lucia y que había resbalado del escritorio, se encontraba suspendido junto a él, flotando; era como si la realidad se hubiera cristalizado en un enorme entorno de hielo, todo menos él. Apenas caía en la cuenta de lo que sucedía cuando apareció ella frente a sus ojos, desnuda, radiante. Se apresuró a tomarla entre sus brazos pero ella lo apartó antes de que él pudiera hacer o decir cualquier cosa.

- Marco, no tenemos tiempo que perder, por lo visto has activado la maquina una última vez. – Se apresuró a salir del núcleo de la maquina – No debiste traerme de vuelta ¡
- Lo siento mucho, he llegado demasiado tarde y tenía que verte aunque fuera una última vez y decirte que lo todo lo que… - Súbitamente se detuvo. Asombrado y perplejo sus ojos recorrían cada centímetro de La Habitación en un intento por entender que ocurría.
- Si, el tiempo se ha detenido. No podía darte detalles porque podía, y aun puedo, alterar la continuidad del tiempo y producir una paradoja que alteraría la realidad de tal forma que nos sería imposible regresar al punto de origen; supongo que ahora eso es irrelevante. Y ahora no hay marcha atrás. Hemos detenido el tiempo para poder decirte lo que sucede. Ignoro si aun podamos arreglar la realidad…
- No entiendo, ¿qué es lo que está ocurriendo?, ¿dónde nos encontramos?, ¿de dónde vienes realmente?. – Decía sombrado, con evidente desesperación.
- Cada vez que activas la maquina, se producen cambios en las fluctuaciones de las líneas del tiempo, produciendo cruces, en cuya intersección, partes de una realidad pasan a la línea paralela adyacente y viceversa, generando mundos irreales donde el tiempo y el espacio pierden balance. Yo he estado trabajando toda mi vida en estudiar los mecanismos de los viajes en el tiempo y el espacio y hace años detectamos anomalías que estaban cambiando la realidad de formas no predichas por nuestros modelos. La última anomalía se llevó a cabo hace 10 años. Hoy para ti.
- ¿Quieres decir que vienes del futuro? Pero eso es imposible, yo recreo materia modelando a nivel molecular cada componente físico de la persona y…. – fue interrumpido rápidamente.
- ¿Y como crees que tengo conciencia de todo lo ocurrido? ¿Que tengo recuerdos y en cada creación comparto en mi memoria las vivencias de cada encuentro? – Marco la observaba boquiabierto – Si, mi conciencia viene del futuro y se ha materializado en este cuerpo que has creado cada noche y cada día, con cada cabello. He viajado a través del tiempo y del espacio para estar contigo e incentivarte en la tarea de buscarme en el presente, así fue como nos conocimos y es un ciclo que se ha repetido por siempre. Ignoro si nos conocimos porque me recreabas, o si al recrearme fue que nos conocimos, pero si sé que ahora todo eso puede desaparecer, junto con todo lo que conocemos del mundo, el ciclo se ha roto.
- Pero, pero… tú has muerto. No pude encontrarte la ultima vez y por eso te he traído de vuelta, para despedirme, decirte que lo siento mucho, vi tu lapida en el cementerio y mi corazón…
- Tu corazón está conmigo, siempre lo ha estado, te he amado desde que te conozco, no puedo darte detalles porque podría alterar más el futuro, pero ahora compartimos tiempos y lugares distintos. Lo que has visto en el cementerio fue un cruce con otra línea, en otro espacio y otro tiempo. Los efectos causados por tus experimentos se presentan pocas horas después de su activación, por ello debías darte prisa para encontrarte conmigo, antes de que saltaras a otra realidad donde yo no existo mas. Las primeras veces tomaba pocos segundos antes de volver a tu realidad original, pero este tiempo se fue incrementando después de cada creación de forma exponencial, pasando a varios minutos, horas, días, tomando varias semanas en la activación previa a ésta. Espero equivocarme, pero mis análisis indican que ésta vez los cruces no volverán a la normalidad. Hace 10 años que hice aquel viaje para advertírtelo, pero no pude hallarte.
- Entonces eras tu en la salida del Tren Suburbano quien me estaba buscando ¡! Ahora lo comprendo. Tú, es decir, tu –yo- actual detectó la anomalía y se encuentra buscándome en estos momentos, aun sin conocerme, sin saber quién soy.

No lo podría creer, todo este tiempo pensando en lo que pudo haber sido y ya no era. Todo este tiempo perdido buscando explicaciones para justificar lo que sentía y lo que no, tratando de darse valor para encararla y acercarse. No. Prefirió consolarse en el placebo de una irreal fantasía transitoria, una ilusión creada como remedio para aliviar los síntomas del verdadero mal que le aquejaba, sin atreverse a vivir en carne propia la sencilla solución al problema. Verla directamente a los ojos y presentarse. Marco continuo hablando.

- Pero si estás aquí, ahora, significa que nos conocimos y que en el futuro hemos de estar juntos. Pero la activación de la maquina ha producido otra anomalía que podría dejarme para siempre en una realidad en la que no existes más ¡! Sin embargo esa misma anomalía fue la que te ha motivado para buscarme y evitar que active la maquina…
- Así fue como nos conocimos, como te dije, o al menos es el recuerdo que tengo, el cual pudo haber cambiado tras cruzarse nuestras líneas de tiempo. Es paradójico, lo sé. Debes apresurarte y encontrarte conmigo, mi –yo- de este tiempo, convencerme de lo que está a punto de ocurrir, porque una vez que éste cuerpo desaparezca, mi consciencia volverá a su tiempo, pero a una realidad donde tú no existes para mi, y perderé todo recuerdo de lo ocurrido sin tener la posibilidad de regresar nunca más. Estaré en otra realidad, con otros recuerdos, desconociendo todo lo que ha ocurrido y tú en pocas horas, saltarás a una realidad donde yo he muerto antes de conocernos.
- ¿Y que debo hacer cuando te vea?
- Debes convencerme de lo que está sucediendo, encararme, verme a los ojos y decirme cara a cara todo cuanto sabes, todo cuanto sientes, atreverte a dar el último paso y enfrentar la realidad que has tratado de evitar todo este tiempo, pero sin mencionar nada de nuestro amor. Yo sabré que hacer.

Ambos fijaron sus miradas en el otro, y a pesar de que todo se encontraba en una burbuja espacio-temporal que los aislaba de cualquier cambio en el flujo temporal, el tiempo se detuvo dentro del tiempo mismo. Ignorando si podría corregir el rumbo, comenzó a leer lo que había plasmado momentos atrás en aquella hoja de papel. Ella derramó una lágrima que permaneció suspendida centímetros antes de tocar el suelo. Marco cerró los ojos y antes de que sus labios pudieran siquiera estar un nanómetro de distancia, se escuchó el estruendoso golpe de la lágrima sobre aquella superficie lisa, desencadenando la subsecuente reacción de sonidos que estaban impasibles ante aquel fenómeno artificial.

El tiempo continuó corriendo, y sin saber cuánto le quedaba, pudo escuchar el último suspiro de Lucia para darse cuenta que ya no se encontraba ahí.